No, no estaba. Estaba en otra parte, lejos, muy lejos. Leer aquellas palabras me ayudo muchísimo, me di cuenta entonces de que hay cosas que simplemente hay que afrontarlas, aceptarlas, mirar hacia otro lado y ya está. Que no hace falta dar explicaciones. No estás obligado a darlas; al fin y al cabo, ellos tampoco las dan. “Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlaran y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados”. Gracias, en serio, encontré de nuevo la calma… Cuando lo ves todo de color rojo a veces la solución viene escondida donde menos te lo esperas. Es algo pequeño, insignificante, pero que te hace sonreír. Hoy lo encontré. Algo en lo que basarme, algo para confiar en mí misma, algo para comprender. Ya tengo mi base. A veces pienso en lo mucho que me falta, en todo lo que necesito encontrar para acabar de formarme como persona. Y vuelvo a mis noches de verano. Ese es mi sitio. Ahora lo dudo, pero cada sábado siento que no hay nada más. A veces lo que necesitas no es a otra persona ni que ésta te complemente, sino un conjunto de muchísimas personas con las que identificas cada parte de tu ser. Quizá algún día aprenderemos a aceptarnos como somos, a no decir lo innecesario y a permitirnos soñar. Ser soñador no tiene nada de malo, al menos eso no tiene límites. Quizá algún día despertemos y el dolor no exista.viernes, 30 de diciembre de 2011
¿Cómo demostrar...?
No, no estaba. Estaba en otra parte, lejos, muy lejos. Leer aquellas palabras me ayudo muchísimo, me di cuenta entonces de que hay cosas que simplemente hay que afrontarlas, aceptarlas, mirar hacia otro lado y ya está. Que no hace falta dar explicaciones. No estás obligado a darlas; al fin y al cabo, ellos tampoco las dan. “Aprenderás que si no controlas tus actos ellos te controlaran y que ser flexible no significa ser débil o no tener personalidad, porque no importa cuan delicada y frágil sea una situación: siempre existen dos lados”. Gracias, en serio, encontré de nuevo la calma… Cuando lo ves todo de color rojo a veces la solución viene escondida donde menos te lo esperas. Es algo pequeño, insignificante, pero que te hace sonreír. Hoy lo encontré. Algo en lo que basarme, algo para confiar en mí misma, algo para comprender. Ya tengo mi base. A veces pienso en lo mucho que me falta, en todo lo que necesito encontrar para acabar de formarme como persona. Y vuelvo a mis noches de verano. Ese es mi sitio. Ahora lo dudo, pero cada sábado siento que no hay nada más. A veces lo que necesitas no es a otra persona ni que ésta te complemente, sino un conjunto de muchísimas personas con las que identificas cada parte de tu ser. Quizá algún día aprenderemos a aceptarnos como somos, a no decir lo innecesario y a permitirnos soñar. Ser soñador no tiene nada de malo, al menos eso no tiene límites. Quizá algún día despertemos y el dolor no exista.
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