Lo más importante de todo esto no es que me esté demostrando a mi misma y al mundo entero que soy capaz. Tampoco es que ha merecido la pena, porque sí que lo ha hecho, pero eso tampoco es lo más importante; ni que me he dado cuenta de que siempre acabo haciendo lo que me da la gana. Siempre acabo rompiendo con todo, con todas las normas, rechazando todos los consejos y haciendo lo que realmente quiero. Pero como ya he dicho, eso no es lo más importante. Lo más importante eres tú.
No es lo que todo el mundo querría tener y ni lo más normal, pero yo soy feliz así. De verdad que lo soy. No es precisamente fácil y hay que saber afrontarlo, pero es tuyo y mio, y eso es lo que importa.
Últimamente no sé explicar muy bien lo que siento. No quiero pensarlo. No quiero pensar lo que vendrá después ni qué va a pasar conmigo, por eso quiero aprovechar cada momento al máximo.
Que aunque creas que no lo aprovecho, sí lo hago. Que aunque creas que a veces estoy enfadada o que no quiero besarte, sí quiero hacerlo. No quiero besarte las veinticuatro horas del día, quiero besarte veinticinco. Que aunque parezca que no te quiera lo suficiente porque no te lo digo muy a menudo, te quiero por encima de todo.
Que aunque parezca que cuando me quedo callada y me coma el coco por tus dudas y tus ansias de libertad, no lo hago. No quiero atarte a nada, te lo dije desde el principio. Quiero darte yo las alas. Quiero que puedas hacer lo que quieras en cada momento y que no tengas que pensar en las consecuencias. No quiero que te preocupes por mí; para eso ya estoy yo. No quiero que te rayes, quiero que vivas todo. No quiero que dejes que hacer cosas por mí. Con que me quieras los siete días de la semana y algún día de fiesta me vale; no hace falta que me quieras mucho, sólo que me quieras un poquito. Yo prometo quererte todo lo demás. Yo pongo las ganas y la ilusión, tú sólo quédate conmigo.
Lo más grande que te puede suceder es que ames y seas correspondido.
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