Todo mi universo está debajo de tu ombligo.
Los minutos a tu lado no tienen precio. Es genial tu capacidad de cómo puedes cambiar mi estado de ánimo en un momento. Es increíble la cantidad de sonrisas que creas a mi lado. No sé si son tus besos, esas cosas que sabes decir en el momento justo de la manera perfecta o cuando me abrazas y no me sueltas, pero creas universos. Me haces olvidarme del resto del mundo, haces que me sobre hasta la piel y todas mis preocupaciones desaparecen. Me creas y me destruyes en apenas un momento, y vas dejando huellas en cada hora que paso a tu lado, que hacen de todo esto una existencia inolvidable. No tienes precio. Ni atrapando todas las estrellas del cielo podría mostrarte lo tanto que te adoro cada instante. Te quiero, te adoro, y te vuelvo a querer. Pienso guardar todos tus besos en una caja de cristal, y sólo dejarlos salir cuando estés demasiado lejos y no pueda recordarte. Estoy rematadamente loca, fíjate que a veces pienso en que deberíamos parar el tiempo y congelarnos en los segundos para siempre.
Derrochas alma y felicidad. Será tu inocencia, tus ganas y el olor que ofrece tu cuerpo, no lo sé exactamente. No me preguntes porque te quiero, no sabría que decirte. Más bien, dame una razón por la que no habría que quererte.
Que si no existieras, habría que inventarte.
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