jueves, 7 de junio de 2012

Que nos sobra todo lo que va después.

Todos los seres humanos dependemos de algo o de alguien. Somos dependientes al nacer y lo somos hasta el día en que morimos. Dependemos del aire, de los besos, del tabaco o de la heroína. Pero dependemos. Hay personas a las que les gustan los días lluviosos y a las que no; pero a nadie le gustan los cambios. Cuesta acostumbrarse a ellos. Supongo que es porque nuestra conciencia acaba creando dependencia a la rutina y a las cosas simples, y por eso cuando alguna pieza cambia y algo se tuerce solemos sentirnos perdidos.
La rutina crea dependencia, como el resto de las cosas. Nos quejamos del día a día, de la monotonía y de los planes fijos y sin rumbo fijo, pero luego nos quejamos cuando nos vemos sin nada. A veces la mejor forma de reaccionar ante los cambios es cambiar con ellos. Pasar página y realzarse; aferrarse a lo que queda no suele merecer la pena. Hay que poner al mal tiempo buena cara y a todo lo que venga después. Que un clavo quita a otro clavo, y que todo pasa por alguna razón. Que si se acaban las cosas, todo lo bueno se acaba, ya vendrán otras.
¿Capaz o incapaz? Puedo sobrevivir. Capaz. Buscaré un plan de huida cuando todo se acabe y me limitaré a tostarme al sol. Pienso dejar que todo pase, que me coman las horas y la cabeza. Capaz de no pensar en ti en dos meses. Capaz.

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