lunes, 2 de julio de 2012

Nadie a quien no pueda cambiar con las sábanas

¡Qué imbécil! Fijaos en ese imbécil, sentado en su banco, fingiendo hacer muecas porque está echando el bazo. Todo excusas. ¿No sería más sencillo, como dice Edith Piaf en la Vie en Rose, tomarla entre tus brazos, hablarle al oído, decirle palabras de amor, palabras normales y corrientes? Y decirle que en cuanto la ves sientes latir tu corazón. ¡Eh, qué estoy hablando contigo! ¿Me oyes? Claro que me oyes, es precisamente lo que te jode. ¡Pobre gilipollas! Y lo malo es que aún te queda mucho por llorar.


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