No hace más que oír sus gritos. Sube el volumen para no oírlos, pero le parece que en vez de subir el volumen de la televisión está subiendo el volumen de la discusión. Parece ser que es por lo mismo de siempre. Suspira. Es imposible, es incapaz de oír la película. Y eso que la puerta está cerrada. Su padre entra en el salón, y ella vuelve a suspirar otra vez mientras se seca las lágrimas. Apaga la televisión y se sienta en la mesa.
-¿No sales hoy, hija?
-No. No puedo, tengo que estudiar.
-Pero ¿ni siquiera un ratito?
-No. Mi madre no me deja.
Y baja la mirada hacia el plato y sigue comiendo, mientras los adultos empiezan una nueva conversación. O quizá sea la continuación de la de antes. Hablan del petróleo. Joder, que royo. Hablan muy alto y a ella, como siempre, la duele la cabeza. Eso es algo que no has conseguido despegarme. Saliste de mi vida, pero tus dolores de cabeza siguen conmigo. Se centra en la conversación, no tiene nada mejor que hacer. Suben el tono de voz en lugar de bajarlo.
-¡Lo que no es normal es que hayamos logrado llegar hasta Marte y que no puedan hacer funcionar un puto coche sin gasolina!
-Yo no hablo de eso. Hablo de que la energía mueve todo. Mueve el mundo, la economía, todo. Y nos vamos a quedar colgados.
[…]
-¡Que los impuestos indirectos los pagamos nosotros! ¡Todos los impuestos indirectos! Y ¿qué se creen, que así ahorramos? ¿Qué voy a ahorrar yo como una gilipollas en un mes, cien euros?
-Ya. ¡Todos son iguales!
[…]
Desconecta. No puede más. ¿De qué coño hablan? No puede entenderlos. Es como si la hablaran en chino. Aunque posiblemente entendiera mejor la película que estaba viendo en chino que aquella conversación. Madre mía. Por eso nunca quiere crecer. La verdad es que a eso tiene miedo, a crecer. Odia a los adultos. ¿Por qué hay que ser adulto? ¡Hay que ser masoca para querer ser adulto! Con lo bien que se está siendo niño. La mierda es que a todos nos toca crecer algún día. Peter Pan, ven y sálvame. No quiero crecer. Ya se lo dijo a su madre el otro día. No quiere acabar casada y con hijos, con una hipoteca que pagar, un trabajo y gente a la que mantener. Además, los adultos no hacen más que quejarse de todo, no saben hacer otra cosa. Que si el gobierno, que si la gasolina, que si el trabajo y el paro, que si el dinero, que si los hijos, que si la casa, que si la mierda de vida que llevan. Pero no consiguen nada. ¿No podrían intentar solucionar las cosas en lugar de quejarse todo el día? Madre mía. Y pensar cómo estaremos dentro de treinta años.
Se acuerda de ellos. De la tarde de viernes, de la de sábado, de lo bien que se lo pasa cuando están a su lado. Mamá, ¿como quieres que me quede en casa si mi única libertad está con ellos? ¡Pero si es que nunca quieres estar con tus padres! Eso me dice. Pues normal mamá, normal. Solo con ellos puedo ser quien soy. A decir verdad, solo estando con ellos soy persona. Ellos me hacen sentir diferente, pero a la vez una persona normal. Normal. Ja. Eso no existe, no hay nada que sea normal.
martes, 8 de marzo de 2011
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