viernes, 11 de marzo de 2011

Treinta y tres.

Viernes. Noche. Vuelta a casa. Noche mojada. La lluvia cae sobre ella, pero no le importa. A la mierda con la felicidad. No puede seguir engañándose. ¿De qué la sirve? De nada. Eso es lo único que ve a su alrededor, nada. Mira hacia el cielo. Luna con forma de uña de pie. Si estuviera a su lado se hubiera reido, o al menos la hubiera dedicado una sonrisa. Eso la habría echo sonreír. 

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