sábado, 30 de abril de 2011

Son la mejor de las sensaciones.

Son raras. Son gilipollas, y dicen gilipolleces a parar un tren. Son mejores que un amanecer por la mañana, mejor que uno de tus besos, mejor que los besos de los niños pequeños. Son mejores que la sensación que te recorre cuando te tapas con una manta y te acercas al fuego en invierno. Son mejores que salir corriendo hacia el baño para estar solas, las cinco, sin nadie más. Son mejores que la Torre Eiffel, mejores que las vacaciones de verano, que los besos antes de dormir, que esa primera vez, que un beso en el cuello, que un “buenos días, princesa”, que la banda sonora del Titanic, que  las estrellas fugaces, que el chocolate, que bañarse en la piscina por la noche, que un baño caliente, que una canción que te recuerde a él, que el número 37, que  las colonias de frutas, que una camisa vaquera, que tener a quien te quiera las 24 horas del día, que llegar a casa y te esten esperando mil besos, que la cocacola, que correr bajo la lluvia. A veces son un poco malas, un poco egoistas, un poco lelas. Pero son ellas. Son especiales, son diferentes, son únicas. Posiblemente muchos las odien, y tambien posiblemente muchos quisieran ser como ellas. Posiblemente las pongan de putas para arriba, posiblemente las llamen mil cosas más, pero eso ya a nadie le importa. 
Te lo resumiré en dos palabras, ¿sabes?
Son ellas. 

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