Contigo no necesito paracaídas. Y es que no hace falta nada más. Dormirse pensando en esa canción que a tanta gente enseñaste y que ahora parece ser tan conocida. Recuerdos que se quieren ahogar en el fondo de aquel vaso. Maletas por hacer, besos por repartir, mil caricias por olvidar y tirar a la basura para siempre. Unos cuantos meses y sin darte cuenta, pasó. Ilusa, estúpida, ingenua. No se necesita nada más que dos tontos para este juego. Y ya está. Luego llegan los problemas, las discusiones. Y te caes. Dicen que quien bien te quiere te hará llorar. Que solo quien provoca tus lágrimas es capaz de transformarlas en sonrisas. Sí, así es. Eso y nada más, no es necesario un paracaídas.
lunes, 4 de julio de 2011
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