La noche que fui a cazar estrellas no cogí guantes ni bolsa donde meterlas, las fui metiendo cuidadosamente en mis bolsillos a medida que iban acercándose al camino. Y no sé como fue, pero al llegar a casa emocionado las amontoné en el escritorio para disfrutarlas de cerca. Y al encender la luz, tan rápido como llegaron se fundieron todas con ella. Pero te prometo que entre todas ellas había una que hablaba de nuestro destino, y créeme si te digo que era brillante...
lunes, 11 de febrero de 2013
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