Vuelvo al mismo ascensor, con mismos pelos alborotados de niña, mi corazón encogido -pero latente- en la mano y mi sosiego y calma por el suelo, el mismo que me proporciona vida hasta en la médula según me acerco a la puerta de tu casa...
Mi misma calma que despierta al entrar en (tu) mi refugio, ya puedo respirar... Es como coger una bocanada de aire que me revive para hundirme nuevamente en un océano que no conozco, como si caminara siempre en círculos... Termino siempre en el mismo punto, siempre en ti, solo que para ti cada vez resulta más normal esto de mirarnos sin mirar sentados en el suelo y para mi cada vez es más insoportable este quemazón...
Necesito respirar(te)
No hay comentarios:
Publicar un comentario