Te has vuelto ácido.
Como un recuerdo infectado que nunca se ha terminado de curar, como las margaritas en invierno, o como el batido después del chocolate.
Era sencillo tenerte interiorizado como al dolor ajeno, como a un estado de latencia permanente, como si la vida, la angustia, la hipocresía, el alivio, lo humano y lo inhumano renacieran de ti.
Y ahora es como si pudiera escuchar tus aullidos desde lejos, como si se tratara de la banda sonora de una vida que no fuiste capaz de plasmar en el lienzo, como un fallo tonto a la hora de encontrar el andén...
Como si se trataran de tus fantasmas y no de ti,
y me hubiera acostumbrado a que el café solo se toma solo y los domingos por la tarde vienen precintados de fábrica con extra de pesadillas.
mi escozor,
tu inconsciencia vuelve invisibles mis cicatrices que aprietan impotentes
que ya no estás, que no tienen que buscar más...
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