Me siento encerrada en una habitación con mil espejos -y espejismos- que tratan de devolverme mi imagen, mi voz, mis pupilas, que se me hacen irreconocibles y a la vez propias; como un intento fallido de devolverme a algo que no me pertenece sino que me resulta una incesante cangrena.
Como una pieza de puzzle jamás fabricada a conciencia sino producto de otras, como un defecto construido de virtudes y de un constante foco de dolor en mi pecho y en mis muñecas.
Me estoy reconstruyendo dentro de mi misma y la maqueta se me está quedando pequeña, me siento corrompida y aburrida, a la espera de que una emergencia me saque del epicentro de mi angustia...
"No es por ti, es por mi" y así fue como eché a correr de repente como la rebeldía huye del orden, en busca de cadenas con las que atarme a otro lugar...

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