Me gusta disfrutar de los pequeños placeres como los primeros rayos de sol en la cara, caminar sola por la calle e imaginarme las vidas de la gente, el suelo en otoño cubierto de hojas y los árboles color fuego, el sonido al abrir una lata de coca cola, meter las manos en la arena, el olor a tierra mojada, mojarme bajo la lluvia, el olor a nuevo de las hojas de un libro y el sonido del fuego devorando la madera en la chimenea. Me gusta parar el mundo por un momento y pensar que es solo cosa mía, que soy insignificante y que mientras el resto del mundo gira, yo respiro y me lleno con sus pequeños placeres. Me gusta pensar que no existe nada más, y es que no hay mayor placer ni mejor sensación que la de mirarte cuando te estas quedando dormido, recorrer todo tu cuerpo mientras cierras los ojos y respiras muy despacio, quedarme desnuda en tu cama y desaparecer entre tus sábanas. Y es que adoro cuando te quedas tumbado sin decir nada después de hacerlo y me vistes entre besos, cuando no existe nada más y eres capaz de hacerme y desarmarme en una milésima de segundo. Quiero ser tu guerra todas las noches y tu tregua cada mañana, tu ayer y tu hoy, tu día a día; quiero que mi cuerpo sea tu guitarra y mis pies tu vehículo.
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