lunes, 8 de abril de 2013

Compadeces mis abrazos

"Cuando era pequeño pasaba casi todos los días de verano en la casa de campo. Desde mi ventana se veía la sierra, y yo me imaginaba el mundo que comenzaba detrás de aquellos pinos, en los que cada noche los grillos daban un concierto de cuerdas para todos nosotros. Muchas veces pensaba en aquel lugar lejano, me imaginaba una ciudad fronteriza llena de tormentas brillantes, donde terminaba tu orgullo, donde empezaba mi sagrada impaciencia. Más de una vez pensé que caminando podría cruzar aquellas montañas, pero siempre que me lo proponía acababa abrazándome una enorme tormenta..."
Ríe, canta, baila, posa, siéntete preciosa... A la mierda esas tonterías, bienvenida a la vida.
Siempre he admirado el mar porque nunca se para, nunca se frena, nunca cesa. Es como el motor que mueve el mundo, como el amor, siempre está para cuando hace falta escapar... Me atrapa y me esconde, resulta casi tan puro como cruzarme con tus ojos en mitad de una noche de sábado. Me siento insignificante y a la vez atronadora, no sé hacia donde debería salir corriendo, perdiendo los segundos a tu lado se está demasiado bien. Supongo que tendré mi penitencia una vez más cuando te canses, me atarían mil cadenas por cada error cometido del que nunca aprendo, será que me divierte solo porque está prohibido. Maldita dulzura la tuya, malditos ojos magnéticos y maldita independencia. Vamos a perdernos una vez más en mis silencios, que ya huele a mandarinas... Suéltame al compás del viento y deja que me deslice entre los días que pasan, que la estrella polar todavía nos queda muy lejos y me sigo desvaneciendo al contacto con tu piel.


Te mereces medio mundo, mil canciones y un espejo que no te engañe

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